NEW YORK, NEW YORK

LA HERIDA DEL S11

De la tragedia histórica al eco de las conspiraciones



Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

-- 3a. parte--

MANHATTAN, Nueva York, 10 de septiembre de 2026.- Los deslumbrantes escaparates, los rascacielos impresionantes, el centro financiero, cultural y de la moda global, no siempre son alegres y exitosos, tienen la memoria de una herida histórica.

 

El 11 de septiembre de 2001, la nación fue brutalmente golpeada en cuatro puntos neurálgicos, provocando pánico colectivo, la muerte de casi 3.000 personas y el surgimiento de múltiples teorías sobre sus motivos, incluidas las que sostenían que el propio Gobierno estadounidense se había autoflagelado para justificar posteriores intervenciones militares en Asia Central.


Aquel martes amaneció templado y casi sin nubes en el este de Estados Unidos. Millones de hombres y mujeres se disponían a iniciar su jornada laboral. Algunos se dirigieron a las Torres Gemelas, la estructura arquitectónica emblemática del complejo del World Trade Center en la ciudad de Nueva York.


Otros se encaminaron hacia Arlington, Virginia, con destino al Pentágono. Al otro lado del río Potomac, el Congreso de Estados Unidos celebraba sesiones de nuevo, mientras que, en el extremo opuesto de Pennsylvania Avenue, los visitantes comenzaban a hacer cola para ingresar a la Casa Blanca.

 

En Sarasota, Florida, el presidente George W. Bush salía a su rutina matutina de ejercicio.
Para quienes volaban esa mañana, las condiciones meteorológicas no podían ser mejores. Sin embargo, entre los pasajeros se encontraban Mohamed Atta y Abdul Aziz al Omari, quienes acababan de llegar al aeropuerto de Portland, Maine.

 

Así comienza el informe de la Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas contra los Estados Unidos, documento que elabora una narración minuto a minuto del avance de las cuatro aeronaves secuestradas, el papel de las distintas agencias de seguridad y la respuesta de las Fuerzas Armadas y de la Administración gubernamental.


En este documento histórico, la Comisión repasa los orígenes de Al Qaeda y de la figura de Osama bin Laden, así como los primeros atentados contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, junto con el recorrido de las distintas células terroristas por todo el mundo: desde Filipinas hasta Sudán, pasando por Hamburgo y Madrid.


El informe concluye con un recuento del horror vivido en las Torres Gemelas por parte de los equipos de rescate y las víctimas. Para redactar este sobrecogedor análisis del día que cambió la historia, la Comisión escuchó a más de 1.200 testigos y revisó 2,5 millones de documentos.

 

Minuto a minuto del ataque

 

Esa mañana, cuatro aviones comerciales que viajaban desde el noreste de Estados Unidos hacia Los Ángeles y San Francisco fueron secuestrados en pleno vuelo por 19 terroristas de Al Qaeda, organizados en tres grupos de cinco integrantes y uno de cuatro.

 

Cada comando contaba con un secuestrador entrenado para pilotar la aeronave y estrellarla contra un edificio emblemático, buscando causar bajas masivas y la destrucción de las estructuras.

 

  • 8:46 a. m. — El vuelo 11 de American Airlines se estrella contra la Torre Norte del complejo del World Trade Center en el Bajo Manhattan.

     

  • 9:03 a. m. — 17 minutos después, la Torre Sur es impactada por el vuelo 175 de United Airlines. Ambas estructuras de 110 pisos se colapsaron en un lapso de 1 hora y 42 minutos, destruyendo el complejo del World Trade Center (incluido el edificio 7) y dañando severamente las edificaciones circundantes.

     

  • 9:37 a. m. — El vuelo 77 de American Airlines, secuestrado tras despegar de Dulles, se estrella contra el flanco oeste del Pentágono en Arlington, Virginia, provocando un derrumbe parcial del edificio.

     

  • 10:03 a. m. — El vuelo 93 de United Airlines, con destino previsto hacia Washington D. C., se estrella en un campo abierto en Shanksville, Pensilvania. Los pasajeros, tras enterarse de los ataques en Nueva York y Washington, intentaron retomar el control de la cabina, desviando la aeronave de su objetivo final (el Capitolio).

     

Impacto y respuesta geopolítica

 


Tras los ataques, las sospechas recayeron de inmediato sobre Al Qaeda. El presidente George W. Bush inició la denominada «Guerra contra el terrorismo» e invadió Afganistán para deponer al régimen talibán, que se había negado a expulsar a la organización terrorista y a entregar a su líder, Osama bin Laden, quien negó inicialmente su participación, pero en 2004 asumió formalmente la responsabilidad de los atentados, citando como motivos el apoyo de EE. UU. a Israel, la presencia de tropas estadounidenses en Arabia Saudita y las sanciones contra Irak.

 

Tras evadir a la justicia durante casi una década, Bin Laden fue localizado en un complejo en Abbottabad (Pakistán) y abatido el 2 de mayo de 2011 durante la Operación Lanza de Neptuno.

 

Los ataques dejaron un saldo de 2.996 muertes, más de 25.000 heridos y secuelas de salud a largo plazo para miles de personas, además de pérdidas materiales superiores a los 10.000 millones de dólares.

 

Sigue siendo el ataque terrorista más mortífero de la historia y el suceso con mayor número de bajas para los cuerpos de bomberos (343 víctimas) y fuerzas del orden (72 oficiales) en EE. UU.

 

El debate técnico sobre las estructuras

 

 

Las Torres Gemelas, con sus más de 400 metros de altura y 110 pisos, contaban con un innovador diseño estructural de acero firmado por el arquitecto Minoru Yamasaki en 1966.

 

Las estructuras estaban proyectadas para resistir vientos de fuerza huracanada de hasta 225 km/h e incluso el impacto fortuito de una aeronave comercial de la época, como un Boeing 707. Sin embargo, apenas dos horas después del primer impacto, ambos rascacielos se derrumbaron.

 

Frente a la explicación oficial del informe del National Institute of Standards and Technology (NIST) —que atribuye el colapso a la combinación del daño estructural cinético, el desprendimiento del aislamiento ignífugo y los incendios generalizados alimentados por el queroseno—, sectores críticos como el movimiento 9/11 Truth han cuestionado estas conclusiones.

 

Este grupo de escépticos, que incluye a ingenieros y arquitectos independientes, sostiene que el núcleo central de 47 pilares masivos de acero debería haber evitado un colapso total.

 

Asimismo, señalan que el humo denso y oscuro observado antes del desplome indicaba incendios con escasez de oxígeno e insuficientes para debilitar la estructura hasta el punto de la falla catastrófica. Basándose en la velocidad de caída y en testimonios que afirmaron escuchar detonaciones, estos sectores sugieren la hipótesis de una demolición controlada.

 

Sin embargo, las investigaciones oficiales y de consultoras independientes como el MIT y Weidlinger Associates reiteran que no existió evidencia alguna de explosivos en los escombros y que la pérdida de rigidez del acero expuesto al fuego prolongado (el acero pierde cerca del 50% de su resistencia a ) fue la causa directa del pandeo de los pisos y el posterior colapso progresivo.

 

Teorías de conspiración

 

A pesar del consenso científico e histórico, las narrativas conspirativas siguen teniendo un arraigo significativo. Según encuestas de YouGov, uno de cada cinco estadounidenses cree que el propio Gobierno estuvo involucrado en los ataques.

 

Existen dos corrientes principales en estas narrativas:

 

  1. LIHOP (Let It Happen On Purpose): Sostiene que el Gobierno estadounidense conocía los planes con antelación y decidió no intervenir deliberadamente para justificar agendas geopolíticas.

  2. MIHOP (Made It Happen On Purpose): Afirma que los ataques fueron una operación de «bandera falsa» planificada e implementada internamente, sugiriendo que el colapso de las Torres Gemelas se debió a una demolición controlada.

     

Especialistas en psicología explican que sucesos traumáticos y repentinos generan vacíos de información que amenazan necesidades humanas básicas como el control y la certeza. Las teorías de la conspiración florecen en medio de la incertidumbre al ofrecer explicaciones simplificadas frente a eventos complejos, aunque a menudo terminan fomentando la desconfianza institucional, la polarización y el aislamiento social.

 

El proceso judicial en Guantánamo

 

Jalid Sheij Mohamed, considerado el cerebro operativo detrás de los atentados del 11S, enfrentará un tribunal militar en la base de Guantánamo (Cuba). Detenido desde 2006 tras su captura en Pakistán en 2003, Mohamed permaneció previamente en centros clandestinos de la CIA en Polonia, donde fue sometido a métodos de interrogatorio severos y torturas como el ahogamiento simulado (waterboarding).

 

El juicio de Mohamed y sus coacusados, Walid bin Attash y Mustafá al Hawsawi, se ha pospuesto repetidamente durante años. El proceso se encuentra empantanado en debates jurídicos sobre si las confesiones y pruebas obtenidas bajo tortura son legalmente admisibles en el tribunal. Mohamed ha afirmado haber ideado los atentados del 11S «de la A a la Z», además de atribuirse la planificación del atentado contra el World Trade Center en 1993 y el asesinato del periodista Daniel Pearl en 2002.

 

Memoria viva en la Zona Cero

 

A más de dos décadas de los atentados, la Zona Cero en el Bajo Manhattan se ha transformado en un espacio sagrado de memoria y reflexión.

 

En el lugar exacto donde se erigían los dos rascacielos, se encuentran hoy dos gigantescas fuentes conmemorativas (Reflecting Absence) en cuyos bordes de bronce están grabados los nombres de las víctimas. Cada 11 de septiembre, dos potentes haces de luz (Tribute in Light) se proyectan hacia el cielo evocando las siluetas de las torres perdidas.

 

A la sombra del nuevo One World Trade Center, los visitantes recorren la plaza, flanqueada por la dinámica cotidiana de la metrópoli y una variada oferta gastronómica callejera. Bajo la plaza se ubica el National September 11 Memorial & Museum, inaugurado en mayo de 2014.

 

El museo alberga una vasta colección conmemorativa e histórica:

 

  • Más de 40.000 fotografías.

  • Cerca de 14.000 artefactos físicos, incluida la emblemática Última Columna de acero retirada de Ground Zero en mayo de 2002.

     

  • Más de 3.500 testimonios orales grabados y 500 horas de archivo en vídeo.

     

A pesar de los retrasos financieros e institucionales que postergaron su construcción entre 2011 y 2012, el museo recibe diariamente a miles de personas, entre turistas de todo el mundo y familiares de los fallecidos, reafirmando que el sitio del peor ataque en suelo estadounidense sigue siendo un punto neurálgico para la memoria histórica global

 

 

Son muchos los que entran a conocer el Museo del S11, algunos son familiares de las víctimas que murieron aquí y cuyos nombres están inscritos en las fuentes, desde donde cada 11 de septiembre dos columnas de luces se elevan a cielo para conmemorar a los fallecidos a consecuencia del atentado de aquel martes que cambió la historia de Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, que ese día vio vulnerada su fortaleza de seguridad.

 

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